Las aves migratorias recorren continentes, mares y estaciones, pero el mapa que necesitan para hacerlo llega cada vez más fragmentado. Un nuevo informe de BirdLife International estima que el 45 % de las 1.843 especies migratorias evaluadas tiene una tendencia poblacional descendente; el 11 % está amenazado de extinción.
El dato no describe una sola frontera ni un único hábitat. Resume una cadena: sitios de cría, paradas para alimentarse y zonas de descanso que conectan países muy distantes. La nueva edición de State of the World’s Birds, presentada el 11 de septiembre en Nairobi, pone el foco en esa red y en lo que se pierde cuando falla un tramo.
Un viaje que depende de muchas escalas
Las aves migran entre áreas de reproducción y de invernada, y su supervivencia depende de que encuentren alimento y refugio durante el trayecto. Por eso las rutas migratorias no son líneas exactas trazadas sobre un mapa: son redes de humedales, bosques, costas y mares que se usan en distintos momentos del año.
BirdLife sitúa el problema en una escala global. Su evaluación, basada en información de la Lista Roja de la UICN, señala que el 30 % de las especies evaluadas se mantiene estable, el 14 % aumenta y el 11 % no cuenta con una tendencia conocida. En otras palabras, el descenso es el patrón más frecuente entre las especies con una tendencia definida, según el desglose publicado por BirdLife DataZone.
La advertencia no convierte a todas las especies en casos de extinción inminente. Sí muestra que la continuidad de los viajes se está debilitando. *Cuando una escala deja de funcionar, el problema puede trasladarse cientos o miles de kilómetros hasta el siguiente punto de la ruta.*
Las especies que cargan con el mayor deterioro
El informe identifica una presión especialmente alta sobre las aves ligadas al mar, los bosques y los humedales costeros. El 54 % de las aves playeras migratorias y el 49 % de las aves marinas migratorias presentan descensos; entre las rutas terrestres, la de Asia Oriental-Australasia concentra el mayor porcentaje de especies en disminución, con 53 %.
Las cifras ayudan a entender por qué proteger los humedales no es un asunto local. Una laguna, un estuario o una marisma pueden ser el lugar donde una bandada recupera energía antes de cruzar un océano o un desierto. Si ese espacio se degrada, no siempre existe otra parada equivalente a una distancia alcanzable.
También crece el riesgo de desaparición. BirdLife calcula que de 200 especies migratorias, el 11 %, cumplen criterios de amenaza: 32 están en peligro crítico, 57 en peligro y 111 son vulnerables. The Guardian recogió que la aguja colinegra fina fue declarada extinta en 2025, un recordatorio de que las tendencias agregadas tienen consecuencias concretas para especies que recorren varias jurisdicciones.
El punto decisivo no está en un solo país
La respuesta más difícil de ver al comienzo está en la escala del viaje. Una reserva bien gestionada puede conservar un lugar clave, pero no puede reemplazar por sí sola una cadena de paradas. Las rutas migratorias requieren que los hábitats se mantengan conectados en los territorios donde las aves crían, descansan, se alimentan e invernan.
Ahí convergen presiones distintas: expansión e intensificación agrícola, especies invasoras, cambio climático, contaminación, caza y captura no sostenibles. El informe las atribuye mayoritariamente a actividades humanas; no afirma que una única causa explique todos los descensos. Esa distinción importa porque cada tramo de la ruta puede enfrentar amenazas diferentes.
Proteger los humedales, por tanto, debe incluir la calidad del agua, el nivel de perturbación, las zonas de alimentación y la continuidad con otros sitios. Mongabay destaca que apenas alrededor del 9 % de las especies migratorias cuenta con protección adecuada a lo largo de todo su ciclo anual, frente al 45 % de las no migratorias. Es una brecha que explica por qué una medida aislada puede resultar insuficiente.
Qué propone el informe para que el vuelo continúe
La publicación no plantea que el deterioro sea irreversible. BirdLife cita el caso de la acción coordinada en varios países para el buitre egipcio: el trabajo sobre amenazas a lo largo de su recorrido detuvo el declive de la población reproductora de los Balcanes. El ejemplo no garantiza el mismo resultado para todas las especies, pero ilustra el tipo de coordinación que exige el problema.
En Nairobi, gobiernos, organizaciones y entidades financieras firmaron la Declaración de las Rutas Migratorias de Nairobi, junto con el lanzamiento del informe. El compromiso político no equivale por sí mismo a restauraciones ya realizadas ni a fondos gastados; será relevante si se traduce en protección efectiva de sitios, vigilancia de poblaciones y cooperación entre países.
Para las aves migratorias, el resultado se medirá en terreno: si vuelven a encontrar agua, alimento y descanso en cada etapa del trayecto. De ahí que proteger los humedales y otros hábitats conectados no sea solo preservar paisajes: es sostener las escalas que permiten que una ruta siga existiendo.
Imagen destacada: ilustración conceptual generada con IA; no es una fotografía documental.