Qué son los Therians
En plazas, parques y espacios públicos comienzan a repetirse escenas que llaman la atención. La palabra therian empezó a circular con fuerza para describir a quienes protagonizan estas escenas, aunque para muchos todavía resulte un término desconocido. Personas con máscaras de animales, colas y movimientos que imitan a perros, lobos o felinos aparecen ante la mirada curiosa —y a veces desconcertada— de quienes pasan. Algunos sacan el celular y filman; otros prefieren mirar de lejos o seguir su camino.
Detrás de esas imágenes que circulan en redes sociales, los propios protagonistas insisten en una aclaración: no buscan provocar ni montar un espectáculo. Lo que se ve en las plazas, explican, es apenas una expresión visible de una experiencia identitaria que suele pasar inadvertida en la vida cotidiana.
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Lo que se ve en el espacio público
A simple vista, la escena resulta extraña. En puntos concurridos como el Barrio Chino o en parques tradicionales, grupos de jóvenes se desplazan en cuatro patas, saltan, corren o interactúan entre ellos imitando comportamientos animales. A esta práctica la llaman quadrobics y consiste en reproducir movimientos corporales asociados a distintos animales.
El contraste con el entorno urbano es inmediato. Entre bicicletas, mates y paseadores de perros reales, los therians se convierten en un foco de atención casi inevitable. Las reacciones van desde la risa y la curiosidad hasta la incomodidad o el temor frente a lo desconocido.
Sin embargo, quienes participan de estos encuentros señalan que esas prácticas no definen por completo a la comunidad. Las máscaras, colas y movimientos visibles son solo una parte —y no obligatoria— de una vivencia que, aseguran, va mucho más allá de lo performático.
Qué significa ser therian
Hablar de therian implica entrar en un terreno donde la identidad ocupa un lugar central y no siempre fácil de explicar desde afuera.
Los therians explican que no se trata de una tribu urbana ni de un hobby ocasional. Tampoco de cosplay. Según relatan, su identidad no se elige ni se actúa, sino que se experimenta de forma involuntaria y parcial.
“Identificarse con un animal no implica creerse literalmente ese animal”, aclaran. La mayoría de los therians afirma ser plenamente consciente de su humanidad y de las reglas de la vida social. La diferencia, dicen, está en la forma de percibirse a sí mismos y de relacionarse con el mundo.
Algunos se identifican con un solo animal; otros, con más de uno. En ese punto surge la categoría de poli therian. Pero incluso dentro del grupo remarcan que no existe una única manera de vivir esta identidad y que muchas personas therian pasan completamente desapercibidas en su día a día.
De internet a las plazas
El concepto tiene raíces en foros de internet de comienzos de la década de 1990, donde se debatían experiencias de identidades no humanas. En esos espacios apareció la noción de teriantropía, inicialmente vinculada a figuras míticas, que con el tiempo se amplió hacia identidades asociadas a animales reales.
Con el correr de los años, esas comunidades virtuales comenzaron a organizar encuentros presenciales. En Argentina, ese paso del espacio digital al espacio público se volvió más visible en los últimos meses, con reuniones frecuentes en plazas y parques.
Los propios therians explican que esos encuentros funcionan como espacios de socialización y pertenencia. Para un therian, la plaza no es solo un escenario visible, sino un punto de encuentro con otros que comparten una forma similar de entenderse a sí mismos. No se trata de vivir permanentemente como animales, sino de compartir momentos específicos con otros que atraviesan experiencias similares.
Diferencias con otras comunidades
Uno de los puntos que más remarcan es la necesidad de no ser confundidos con otras expresiones culturales. En especial, marcan distancia con el fenómeno furry, asociado al fandom y al uso de personajes antropomórficos.
Mientras que los furries suelen centrarse en el disfrute estético y el juego de roles, los therians insisten en que su identidad no es una representación. Tampoco se identifican con quienes buscan “transicionar” a otra especie. La identificación, subrayan, es interna, fragmentaria y no implica un deseo de abandonar la condición humana.
Esta distinción aparece como clave para entender por qué muchos rechazan etiquetas como “tribu urbana” o “moda pasajera”, que consideran simplificaciones de una experiencia más compleja.
Miradas externas y reacciones sociales
El crecimiento del fenómeno también despertó lecturas desde la psicología y el psicoanálisis. Especialistas señalan que la identificación con figuras animales no es algo nuevo en la cultura humana, sino una forma simbólica de nombrar rasgos, deseos o emociones.
Desde esa perspectiva, lo animal no negaría lo humano, sino que funcionaría como un lenguaje alternativo para expresar aspectos difíciles de poner en palabras. El foco, advierten, no estaría en la rareza de la identificación, sino en cómo cada persona construye su identidad y su lugar en el lazo social.
En el espacio público, mientras tanto, las reacciones siguen siendo diversas. Entre la burla, el interés genuino y el desconcierto, los therians aseguran que la mayoría de los encuentros no derivan en situaciones violentas. Aun así, reconocen que la exposición también trae estigmatización y comentarios hostiles.
En medio de miradas cruzadas y celulares en alto, el fenómeno continúa creciendo y sumando preguntas. Más que respuestas cerradas, lo que aparece en las plazas es una escena que interpela a quienes la observan: no tanto por lo que muestra, sino por lo que obliga a preguntarse.