Un país casi desconectado del mundo
Durante enero, el acceso a internet en Irán ha permanecido severamente restringido en medio de protestas internas y medidas de control aplicadas por el gobierno. Los datos disponibles muestran que el país pasó de registrar tráfico reducido a experimentar un apagón digital casi total, con niveles cercanos a cero durante varios días consecutivos.
La situación no es nueva. Irán ha recurrido en otras ocasiones a cortes de conectividad como respuesta a protestas sociales, una práctica documentada en episodios anteriores como los de 2019 y 2022. Sin embargo, el alcance y la duración del bloqueo observado este mes marcaron uno de los episodios más severos de los últimos años.
En este contexto, cualquier variación en los gráficos de tráfico comenzó a ser observada con atención, especialmente cuando, tras casi dos semanas de silencio digital, aparecieron señales inesperadas de actividad.
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El desplome inicial del tráfico
El punto de quiebre se registró el 8 de enero, cuando los sistemas de monitoreo detectaron una caída abrupta en la conectividad del país. Primero, el espacio de direcciones IPv6 anunciado por redes iraníes se redujo en más de un 98 %, lo que provocó que el tráfico asociado a este protocolo prácticamente desapareciera.
Minutos después, el impacto se trasladó al tráfico general. En menos de una hora, el volumen de datos intercambiados desde Irán cayó cerca de un 90 %, afectando a los principales proveedores del país. Horas más tarde, la conectividad descendió a niveles residuales, equivalentes a una desconexión casi total del internet global.
Este patrón técnico suele indicar una interrupción deliberada, ya que los proveedores dejan de anunciar rutas que permiten al resto del mundo alcanzar a los usuarios y servidores dentro del país.
Breves ventanas que no se sostienen
En los días posteriores al apagón, se detectaron breves intentos de reconexión. El 9 de enero, por ejemplo, se observaron pequeños picos de tráfico, asociados principalmente a servicios de resolución DNS y a algunas redes universitarias. Sin embargo, estas aperturas duraron poco y fueron seguidas por nuevas caídas.
Paralelamente, los datos mostraron cambios en los tipos de tráfico web utilizados antes del apagón. El uso de protocolos más modernos comenzó a disminuir días antes del corte total, lo que sugiere la aplicación progresiva de filtros y listas blancas más restrictivas.
A partir del 10 de enero, el escenario volvió a estabilizarse en niveles mínimos. Durante varios días, el tráfico de internet desde Irán se mantuvo en fracciones de porcentaje frente a los valores normales.
El amague de regreso
El 21 de enero, cuando el apagón digital se acercaba a cumplir dos semanas completas, los gráficos volvieron a moverse. A partir de las 18:00 UTC, se registró un crecimiento visible del tráfico, impulsado por aumentos simultáneos en varias redes clave del país.
Los incrementos más notorios se observaron en los principales operadores, lo que llevó a pensar en una posible ampliación de dominios permitidos o ajustes en los mecanismos de control. En particular, una de las redes mostró un aumento más sostenido que el resto, reforzando la idea de un cambio parcial en las restricciones.

Fue el primer indicio claro de actividad coordinada tras días de silencio digital, y abrió la expectativa de un levantamiento gradual del bloqueo.
Un repunte que se diluyó
Esa expectativa, sin embargo, duró poco. Al revisar los datos más recientes, el tráfico volvió a descender de forma pronunciada. En las últimas horas, los niveles regresaron nuevamente a valores cercanos a cero, sin señales de una recuperación sostenida.
El comportamiento sugiere que el repunte fue limitado y reversible, más cercano a una prueba técnica o a un ajuste temporal que a un restablecimiento real del acceso a internet para la población.
Por ahora, el panorama sigue siendo el mismo: Irán permanece prácticamente desconectado del internet global, con episodios puntuales de actividad que no logran consolidarse.