Los pulpos tienen sangre azul y tres corazones, pero no se trata de una excentricidad sin propósito. Ambas características forman parte de un sistema preparado para llevar oxígeno por un cuerpo blando, activo y completamente adaptado al agua. La clave está en la hemocianina, una proteína que cumple una función parecida a la hemoglobina de nuestra sangre, aunque usa otro elemento químico.
¿Por qué la sangre de los pulpos es azul?
En los humanos y otros vertebrados, la hemoglobina contiene hierro y transporta oxígeno dentro de los glóbulos rojos. En los pulpos, en cambio, el oxígeno viaja unido a la hemocianina, una proteína que contiene cobre. Cuando esta proteína se une al oxígeno, adquiere una tonalidad azulada; por eso se dice que su sangre es azul.
La hemocianina no es exclusiva de los pulpos. También aparece en otros moluscos y en distintos artrópodos. Sin embargo, las hemocianinas de moluscos y artrópodos surgieron de manera independiente y tienen estructuras distintas, aunque resuelven una necesidad parecida: transportar oxígeno. Una revisión científica sobre estas proteínas explica que, en moluscos, la hemocianina circula disuelta en el fluido corporal y utiliza centros de cobre para fijar el oxígeno.
En otras palabras, el azul no es un pigmento decorativo ni una señal visible a distancia bajo el mar. Es el resultado químico de la unión entre oxígeno y cobre dentro de la hemocianina. La investigación sobre hemocianina de moluscos describe este mecanismo y muestra por qué no conviene pensar que toda la sangre animal funciona como la humana.
¿Para qué necesita un pulpo tres corazones?
Los tres corazones de los pulpos se reparten el trabajo. Dos son corazones branquiales: cada uno impulsa la sangre hacia una de las branquias. Allí libera dióxido de carbono y capta oxígeno del agua. El tercer corazón, llamado sistémico, recibe la sangre ya oxigenada y la bombea hacia el resto del cuerpo.
Esta división ayuda a mantener el flujo de sangre a través de las branquias y luego hacia órganos, manto y brazos. El National Aquarium resume esta ruta: dos corazones llevan la sangre a las branquias y el corazón principal la distribuye después por el organismo. El sistema es especialmente llamativo porque los pulpos, a diferencia de muchos invertebrados, poseen un sistema circulatorio cerrado: la sangre se mantiene dentro de vasos.
La combinación de hemocianina y tres corazones permite a los pulpos abastecer de oxígeno un cuerpo que no tiene huesos, pero sí músculos muy activos. Cada brazo puede agarrar, explorar, empujar o cambiar de forma casi al mismo tiempo. Para sostener esas tareas, mover sangre no es un detalle menor.
Un dato que ayuda a entender cómo se desplazan
El corazón sistémico reduce mucho su actividad o deja de latir durante la natación por propulsión a chorro, según fichas divulgativas de instituciones dedicadas a la vida marina. Por eso, en muchas situaciones, a los pulpos les resulta más conveniente desplazarse por el fondo usando sus brazos que nadar durante largos trayectos. El Horniman Museum and Gardens señala que el corazón sistémico se inactiva cuando el animal nada, un rasgo que vuelve más exigente esa forma de movimiento.
Eso no significa que un pulpo no pueda nadar rápido. Puede expulsar agua con fuerza por un sifón y salir disparado si necesita escapar. Pero ese modo de avance funciona más como una aceleración breve que como un paseo relajado. Caminar o deslizarse entre rocas, grietas y el fondo marino suele ser una alternativa más sostenible para el animal.
¿Todos los cefalópodos funcionan igual?
Los pulpos pertenecen a los cefalópodos, el grupo que también incluye calamares, sepias y nautilos. Todos tienen particularidades anatómicas propias, pero la hemocianina es el pigmento respiratorio característico de estos moluscos. Los estudios sobre fisiología de cefalópodos destacan que el transporte de oxígeno mediante hemocianina es sensible a cambios de acidez, por lo que regular el pH de la sangre resulta importante para estos animales.
Así, los pulpos no tienen tres corazones porque sí, ni su sangre azul es una rareza aislada. Los corazones, las branquias y la hemocianina trabajan como un mismo circuito: captar oxígeno del agua, cargarlo en la sangre y hacerlo llegar a un animal capaz de esconderse, cazar, resolver problemas y cambiar de rumbo en segundos.
La próxima vez que aparezca la frase “los pulpos tienen sangre azul”, vale la pena completar la idea: esa sangre azul lleva hemocianina, y sus tres corazones organizan el recorrido para que el oxígeno llegue donde hace falta.
Fuentes consultadas
- Molluscan hemocyanin: structure, evolution, and physiology.
- Recent advances in understanding trans-epithelial acid-base regulation and excretion mechanisms in cephalopods.
- National Aquarium: Otherworldly Octopuses.
- Horniman Museum and Gardens: Fact file: Octopus.
- Hong Kong Science Museum: Sea Expedition: Octopuses.
