Nueva York sigue identificando restos del 11-S. El 24 de agosto anunció un primer resultado con genealogía genética: una mujer cuya identidad se reserva por petición familiar. Según ese balance, 1.099 víctimas seguían sin restos identificados. Así lo informó el Ayuntamiento.
Este viernes 11 de septiembre, Estados Unidos conmemora el aniversario con homenajes, lecturas de nombres y momentos de silencio. La investigación forense continúa junto a esos actos, un cuarto de siglo después de los ataques que dejaron cerca de 3.000 muertos en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania.
Por qué el ADN no siempre permite encontrar una identidad
El problema comienza en las condiciones de los restos recuperados. La fragmentación de los cuerpos convirtió el ADN en una herramienta principal, pero el material genético también sufrió daños. Según el investigador John Butler, del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST), las muestras del World Trade Center contenían moléculas deterioradas y divididas en fragmentos. Su explicación describe ese desafío.
Obtener información genética es solo una parte del trabajo. Después hay que compararla con una referencia: material de un objeto personal de la víctima o una muestra de un familiar biológico cercano. Sin información suficiente en ambos lados de la comparación, el análisis puede no resolver a quién pertenecen los restos del 11-S.
Tampoco todas las familias disponen de objetos adecuados o de parientes que puedan aportar muestras. El Instituto Nacional de Justicia explica que un cepillo puede haberse perdido en el propio desastre, o que los familiares biológicos sean escasos o no participen. Esas dificultades añaden límites a los del laboratorio. El organismo las documentó en sus lecciones forenses del 11-S.
La genealogía genética aporta pistas que deben confirmarse
La nueva vía amplía la búsqueda de coincidencias. La genealogía genética combina tecnologías especializadas de ADN con investigación genealógica. Su resultado son pistas de identidad que la Oficina del Médico Forense Jefe de Nueva York (OCME) debe confirmar mediante ADN u otros métodos forenses, según el comunicado de agosto.
OCME trabajó con la unidad genealógica de la policía neoyorquina. El resultado elevó a 1.654 las víctimas con restos identificados, entre 2.753 fallecidos en Nueva York.
La recuperación de información de muestras dañadas tiene, además, una historia anterior. Butler relata que el NIST desarrolló pruebas llamadas miniSTR, diseñadas para analizar regiones más cortas del ADN. Sus versiones adaptadas permitieron obtener información genética de restos muy deteriorados. Ese antecedente ayuda a entender por qué volver a estudiar material antiguo puede aportar resultados con herramientas nuevas.
Identificar a una persona y vincular más restos son tareas distintas
También se vinculan más restos con víctimas ya identificadas. El Ayuntamiento informó de resultados para tres personas mediante genealogía, referencias familiares y análisis repetidos. No son tres primeras identificaciones adicionales.
La diferencia afecta a la dimensión de la investigación. El Instituto Nacional de Justicia señala que intentar identificar cada fragmento exige más trabajo que identificar a cada persona. La gestión debe conservar la ubicación de las muestras, su trazabilidad y los datos usados en las comparaciones. Su guía explica estas exigencias.
El mismo documento establece que los laboratorios deben fijar cuántos intentos realizar y qué umbral estadístico exigir antes de comunicar una identificación. Volver a analizar restos del 11-S requiere, por tanto, procedimientos para evaluar los resultados y controles que reduzcan el riesgo de asignarlos a una persona equivocada.