La confirmación del nuevo 5×1000 volvió a poner en el centro del debate un impuesto que, aunque parece mínimo, acompaña silenciosamente cada movimiento bancario que realizan millones de colombianos. El cambio fue anunciado tras la firma del decreto de emergencia económica por parte del Gobierno Nacional, con el que se busca cubrir un faltante millonario en el presupuesto.
El gravamen, conocido oficialmente como Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF), pasa de cobrar 4 pesos por cada 1.000 a cobrar 5 pesos. Un peso más que, aislado, parece insignificante, pero que al multiplicarse por la cantidad de transacciones diarias comienza a sentirse en el bolsillo.
Este ajuste no surge de una reforma tributaria aprobada por el Congreso, sino de un decreto que ahora deberá ser revisado por la Corte Constitucional. Ahí empieza la discusión de fondo.
Del 4×1000 al 5×1000: qué cambió realmente
El GMF es un impuesto que se aplica a prácticamente todas las transacciones financieras: transferencias, retiros, pagos y movimientos entre cuentas. Su lógica es simple: cada vez que el dinero se mueve, una pequeña parte se va directo al Estado.
Hasta ahora, el cobro era de 4 pesos por cada 1.000. Con el nuevo decreto, ese valor sube a 5 pesos. En términos porcentuales, el impuesto pasa del 0,4 % al 0,5 %, una variación que puede parecer marginal, pero que se aplica de forma constante.
Lo clave es que no distingue entre grandes o pequeños movimientos. Da igual si se trata de una transferencia ocasional o de operaciones frecuentes: el impuesto corre siempre que el dinero se mueve dentro del sistema financiero.
Ejemplos claros: cuánto pagarás ahora
Para entender el impacto real, conviene llevar el cambio a situaciones cotidianas. Si una persona transfiere 100.000 pesos, antes pagaba 400 pesos de impuesto; ahora pagará 500.
En una transferencia de 1 millón de pesos, el cobro pasa de 4.000 a 5.000 pesos. Y si se mueven 10 millones, el impuesto sube de 40.000 a 50.000 pesos. No parece mucho en una sola operación, pero la cifra crece cuando los movimientos son frecuentes.
Ahí es donde el 5×1000 deja de parecer simbólico y empieza a convertirse en un gasto recurrente para quienes usan intensamente sus cuentas bancarias.
¿A quién impacta más este aumento?
El impacto no es uniforme. Para personas que realizan pocas transacciones al mes, el cambio puede pasar casi desapercibido. Sin embargo, para quienes reciben ingresos frecuentes, hacen pagos constantes o mueven grandes sumas, el efecto acumulado es mayor.
Las pequeñas y medianas empresas, por ejemplo, suelen realizar múltiples transferencias al mes: pagos a proveedores, nómina, servicios y tributos. Cada movimiento suma un nuevo cobro.
En la práctica, el 5×1000 se convierte en un impuesto silencioso, difícil de esquivar para quienes dependen del sistema financiero para operar día a día.
Por qué el Gobierno incluyó el 5×1000 en la emergencia económica
Según lo explicado por el ministro del Interior, Armando Benedetti, el decreto de emergencia económica busca recaudar cerca de 16 billones de pesos que no fueron aprobados previamente en el Congreso.
El Gobierno argumenta que estos recursos son necesarios para garantizar el funcionamiento del Estado y cumplir compromisos financieros, en un contexto de desfinanciamiento del presupuesto.
Desde esta lógica, el aumento del GMF aparece como una herramienta de recaudo rápido: fácil de aplicar, de amplio alcance y con impacto inmediato en las finanzas públicas.
Lo que viene ahora: la revisión de la Corte
Aunque el decreto ya fue firmado, su futuro no está completamente definido. La Corte Constitucional deberá revisar si la declaratoria de emergencia económica cumple con los requisitos establecidos por la Constitución.
No es la primera vez que decretos de este tipo enfrentan cuestionamientos legales. En el pasado, algunas emergencias económicas han sido tumbadas por falta de justificación suficiente.
Mientras tanto, el 5×1000 queda en el radar de los colombianos como un pequeño ajuste que, peso a peso, podría terminar sintiéndose más de lo esperado.