Colombia enfrenta a Paraguay este viernes 2 de octubre, a las 7:00 p. m. de Colombia, en el Sports Illustrated Stadium de Nueva Jersey. El amistoso no define una clasificación ni entrega un trofeo, pero sí instala una discusión de peso: cómo se reorganiza la Selección después de la salida de James Rodríguez, quien anunció el cierre de su ciclo internacional el 15 de septiembre.
La Federación Colombiana de Fútbol incluyó 26 jugadores para la serie de amistosos ante México, Paraguay y Perú. La lista tiene nombres con recorrido como Dávinson Sánchez, Daniel Muñoz, Jhon Lucumí, Richard Ríos y Luis Suárez, junto a futbolistas que buscan consolidar un lugar, entre ellos Gustavo Puerta, Jhon Solís, Óscar Perea, Matías Orozco y Samuel Velásquez. El dato más relevante no es solo quién aparece: es que la convocatoria ya no tiene al mediocampista que había concentrado buena parte de la conducción técnica y emocional del equipo.
Una ausencia que modifica más que la alineación
La decisión de James llegó poco después de su presentación como jugador de Atlético Nacional. En su despedida, recogida por FIFA, el volante de 35 años explicó que cerraba una etapa que lo convirtió en uno de los protagonistas centrales de la historia reciente de Colombia. Su salida no obliga a encontrar un reemplazo idéntico, una misión poco realista por su perfil, sino a redistribuir funciones.
En ese sentido, el partido ante Paraguay puede ayudar a responder tres asuntos: quién asume la pausa y el último pase en campo rival; cómo se repartirá la responsabilidad en las jugadas detenidas; y qué liderazgos aparecen cuando el equipo necesite administrar momentos complejos. La respuesta no tiene por qué recaer en un solo futbolista. De hecho, la nómina sugiere una alternativa más colectiva, con volantes de recorrido, extremos capaces de acelerar y laterales que pueden aportar amplitud.
El reto para el cuerpo técnico
La concentración comenzó el 20 de septiembre en Delaware, según informó la FCF, y el duelo ante Paraguay será el segundo compromiso de una ventana que terminará el 6 de octubre frente a Perú en Miami. Ese calendario permite al cuerpo técnico de Néstor Lorenzo mirar algo más valioso que un resultado aislado: asociaciones repetibles entre jugadores que llegan desde clubes, ligas y ritmos competitivos distintos.
La presencia de Ríos, Castaño, Puerta y Solís abre variantes para el mediocampo. Ninguno reproduce exactamente las características de James, pero el grupo ofrece energía para recuperar, transportar y cambiar de orientación. El desafío será que esa movilidad no se traduzca en apresuramiento: Colombia necesita sostener posesiones largas cuando el partido lo reclame y, al mismo tiempo, mantener amenaza entre líneas.
También será importante observar la conexión con Jhon Arias, Yáser Asprilla, Jaminton Campaz y Carlos Andrés Gómez. Son perfiles que pueden recibir de frente, conducir o atacar espacios, pero su impacto dependerá de que el equipo encuentre pases limpios desde atrás y ocupaciones claras cerca del área. La ausencia de una referencia fija en la creación puede convertirse en una oportunidad si la circulación gana imprevisibilidad; puede ser un problema si todos esperan que otro tome la última decisión.
Paraguay como examen de carácter competitivo
El adversario añade una exigencia útil. Paraguay suele llevar los partidos a disputas físicas, duelos y fases de poco margen, un contexto adecuado para medir la paciencia y la respuesta de Colombia sin su anterior capitán. Más que una prueba de brillo, será una evaluación de orden: evitar pérdidas en zonas sensibles, sostener la segunda jugada y no desconectarse cuando el encuentro se vuelva trabado.
Colombia ya aseguró su presencia en la Copa Mundial de la FIFA 2026 tras terminar tercera en las eliminatorias, de acuerdo con el balance publicado por la Federación. Por eso, estos amistosos tienen una función distinta a la de la urgencia clasificatoria. Son un espacio para ajustar jerarquías, probar sociedades y definir qué rasgos conservará el equipo en una etapa sin James.
El amistoso de Nueva Jersey no resolverá esa transición por sí solo. Sí puede entregar señales concretas sobre la madurez de una Colombia que deberá encontrar una voz colectiva, tanto para jugar como para competir, en el ciclo que sigue.
